Un euro tachado. “Sí al trabajo, no al euro”: es una de las consignas del Plan B, un nuevo partido antieuropeo en Grecia: volver al dracma es su objetivo prioritario.
Argumentan que el euro sólo es positivo para los países fuertes de la Unión Europea pero supone una condena para los débiles, que ahogados por las condiciones de los rescates no podrán salir jamás de la recesión.
“La experiencia nos dice que en todas las crisis con una recesión a nivel internacional, ningún país puede salir de ésta con una moneda cara que también es utilizada por una potencia económica como Alemania. Necesitamos una moneda competitiva, para facilitar las exportaciones e impulsar el mercado interior”, comenta Alekos Aravanos, quien dirigió el principal grupo de la oposición de la izquierda radical en Grecia y ahora lidera este nuevo partido.